Cueva de Altamira, un viaje al pasado

Desde que recuerdo haber escuchado alguna de mis profesoras de historia hablar de la pintura rupestre y la Cueva de Altamira, y enseñarnos los grabados en los libros, me dije que ese era un lugar al que quería ir al menos una vez en la vida, me apasionaba pensar lo que se podría sentir al entrar a un lugar que fue habitado miles de años atrás por nuestros antepasados.

Entrada a la Cueva de Altamira

El proceso para entrar a las cuevas hoy en día es algo complejo y esto le imprime aún más misterio, porque desde 2015 hay un régimen de visita controlado en que el sólo se permite una visita a la semana para cinco personas, con un recorrido de 35 minutos máximo, para acceder a esa visita hay un proceso de selección aleatoria entre los afortunados que se encuentren visitando el museo el día de la visita, de modo que es toda una lotería poder ingresar a la Cueva, pero tranquilos hay una réplica que  vale pena, no es lo mismo pero…

Cómo no tuve la suerte de un viernes, pues ni modo me tocó la réplica o Neocueva, que definitivamente no desmerece, desde la misma entrada se siente que estás en un lugar mágico, los detalles son muy buenos, los restos de fogata que hay a la entrada y las pinturas como tal.

El recorrido es libre, se puede apreciar en la Neocueva una representación de cómo era la vida en el paleolítico, las costumbres de los grupos que habitaron la región entonces, muestras de restos encontrados al interior de la cueva real, y una representación exacta y en tamaño real de los grabados rupestres.

Detalles de la Cueva de Altamira. Bisontes. Tomado de Museo de Altamira.

La madre de las representaciones artísticas del hombre está en esa cueva, según dicen los conocedores ahí dentro tuvieron origen diferentes técnicas de las artes, que además han sido inspiración para grandes como Joan Miró.

El recorrido al interior de la Neocueva es libre, para detenerse a gusto, levantar la mirada y perderse en los increíbles ciervos, los caballos rojizos y los bisontes. Pero a mi particularmente me cautivaron las manos, una en negativo y dos en positivo, trasladarse atrás en el tiempo e imaginar de quién  o quiénes fueron esas manos, qué pensaban, qué soñaban, qué los movió a inmortalizar su huella allí, esa intriga infinita que sentí por saber cómo vivían esas personas que allí estuvieron, qué hacían, qué comían, cómo esos hombres y mujeres ancestrales llenaron sus cabezas de pequeños descubrimientos para trasmitirlos a sus hijos y nietos, como esa sabiduría se fue colando en el ADN de nuestra especie hasta llegar a ser lo que somos ahora.

Puedes pasarte horas absorto, mirando esos grabados, como tratando de traspasar tu mirada en el tiempo,  de viajar en él y llegar a ese lugar de tiempo y espacio en que este era el hogar de los primero hombres, mujeres y niños, de esos padres que lograron perpetuar su paso por el mundo de la manera más pura y sencilla, el arte.

Al salir de la cueva no eres la misma persona, llevas dentro un algo que te hace preguntarte de dónde vienes, quién eres y cuál será tu manera de dejar huella en el mundo. La cueva de Altamira es una ventana al pasado que te hace conectar con lo más profundo de tu ser.

Museo del Altamira. Tomada de Museo de Altamira.

Después está el museo que contiene elementos rescatados en excavaciones arqueológicas realizadas en las cercanías, puede conocer más de los elementos que usaban, herramientas, cómo percibían el mundo estos antepasados, un recorrido muy enriquecedor que te ayuda completar y a responder algunas de esas preguntas que te deja el recorrido en la cueva.

Después del recorrido lo mejor fue, ir caminando por el sendero hasta la entrada de cueva real, observarla, respirar hondo el aire fresco de los montes cántabros, sonreír y sentir que se ha cumplido mi sueño de niño de estar allí.

Ahora si las fuerzas y el tiempo los acompañan, darse un paseo por los pueblos cercanos, Santillana del mar que está a un paso de ahí, es un lugar precioso; también Bárcena Mayor que es mágico, perfecto para rematar la jornada y si les cuadra la hora de comer hay unos restaurantes muy buenos de gastronomía típica de la región, no tan ancestral como la de los antepasados del Altamira pero si digna de mención.

Entradas y horarios puede encontrarlo en sitio web del museo, además indicaciones de cómo llegar en diferentes modos de transporte.

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